El Papa rezó en soledad ante una inmensa Plaza San Pedro del Vaticano totalmente vacía. Es la primera vez en la historia de la Iglesia Católica que sucede algo así.
UNA POSTAL HISTÓRICA. EL PAPA OFRECE UNA ORACIÓN AL MUNDO POR EL CORONAVIRUS.

Nunca en la historia de la Iglesia Católica se había visto una postal así. En soledad, ante la inmensa Plaza San Pedro totalmente vacía, el Papa Francisco rezó para liberar a la humanidad de las "densas tinieblas" causadas por la pandemia del Coronavirus y aseguró que toda la humanidad está "en el mismo barco"​ y que es necesario "remar juntos".

En un momento dramático a nivel mundial, en el que se estima hay unas 3000 millones de personas en confinamiento, 25.250 muertos y más de medio millón de infectados, el Papa señaló que el avance de la enfermedad genera "un vacío desolador que paraliza todo a su paso" y que el único camino posible es el de la unión: "Nadie se salva solo", resaltó.

La oración del Papa, que comenzó a las 18 (hora local) de una jornada gris y lluviosa, fue única y excepcional. Por primera vez en la historia un pontífice dio una "bendición urbi et orbi ", a la ciudad y al mundo, fuera de las fechas normales, que son la Navidad, la Pascua de Resurrección y cuando un nuevo Papa es electo.

Francisco, que desde que comenzó la pandemia en Italia todas las mañanas celebra misas que desde la capilla de Santa Marta, para esta oración estuvo acompañado por dos símbolos religiosos. El ícono bizantino de la Virgen Salus Populi Romani, que hizo traer de la Basílica de Santa María de la Mayor y que en el VI siglo salvó a Roma de una plaga.

Y el crucifijo de la Iglesia de San Marcello al Corso -ante el cual rezó el 15 de marzo pasado, saliendo del Vaticano, pese a las restricciones-, utilizado en diversos barrios de Roma durante una "peste negra" que aquejó a la ciudad eterna en 1522.

"Con la tempestad se cayó el maquillaje de los estereotipos que disfrazábamos. La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad. Solos nos hundimos, necesitamos al señor. El señor nos interpela desde su cruz. Es momento de expresar nuestro agradecimiento a todos los trabajadores silenciosos", dijo

"Abrazar la cruz es abrazar las contrariedades de hoy. Hay que practicar nuevas formas de fraternidad y solidaridad. Con dios la vida nunca muere. El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación", agregó.

"Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo", recordó.

"Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: 'Despierta, Señor'", exclamó.

Al terminar el rezo, Francisco caminó hacia el ícono de la salud del pueblo romano y rezó frente a un crucifijo al que se le atribuye la sanación de la gran peste de 1522.