El concepto  de ausentismo alude a la inasistencia de una persona cualquiera a un lugar donde debe cumplir con una obligación o desarrollar una función determinada. Escolar, por su parte, es todo aquello vinculado a la escuela y a su entorno.

Aclarados los tantos, podemos hablar ya de ausentismo escolar, sin mayores rodeos y metiéndonos en un tema que ocurre aquí, allí y en todas partes.

Este tema escabroso no es otra cosa que el fenómeno que refiere a la no asistencia de los estudiantes a las clases que deben tomar de acuerdo a sus respectivos cursos y en horarios y lugares determinados. Existe un tipo de ausentismo escolar que tiene justificaciones claras y también faltazos reiterados por causas por lo menos dudosas, que hacen que el alumno se ausente más de lo debido.

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Son esos estudiantes que cada vez que el preceptor toma lista se produce un coro de grillos cuando indican su nombre y que dan cuenta que otra vez no vino a clase. Por suerte, algún compañero grita un “no vino”, para se siga tomando lista al resto del curso.

Sin problemas económicos y sociales y tampoco de salud a la vista, esos estudiantes deciden no venir a clase y a otra cosa, como evadiendo esa responsabilidad sin culpa y como algo natural.

Además, se la pasan jugando con fuego con el límite de inasistencias que los dejará libres, generando que se lleven a examen todas y cada una de las materias.

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Cuando uno los da casi por perdidos, reaparecen como si nada, y a veces no le pierden pisada a los contenidos tratados, porque se la rebuscan para conseguir todo lo que se fue haciendo en el aula.

Incluso no suelen desentonar en las calificaciones, ni son líderes negativos y tampoco conflictivos con los docentes y autoridades, se limitan a pegarse sus buenos faltazos y punto.

Verlos en el aula causa una grata sorpresa, un hecho fuera de lo común que merece ser celebrado, como si se tratara de un invitado especial y no de un alumno más.

Y sí, cuando aparecen se llevan todas la miradas y la atención, a pesar de que prefieran pasar absolutamente desapercibidos.

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Cerca de fin de año, a sabiendas de sus múltiples inasistencias, no faltan aunque llueva y truene, y tampoco corren el riesgo de llegar tarde o no ir a educación física.

Como buenos hijos de rigor, al ver que pueden pasar el límite permitido de faltazos, se transforman en Sarmientitas y Sarmientitos, esos de asistencia perfecta.

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