¿Cuál es el viaje más loco que hicieron? Algunos recordarán alguno descontrolado de su adolescencia y otros, una aventura en carpa, rodeados de naturaleza. Los que tuvieron la suerte de salir al mundo seguro tendrán alguna anécdota en un país lejano donde nadie habla español.

A mí se me ocurren varios. Pero ninguno tan loco como el que hace 61 años emprendieron dos vecinos de nuestro barrio, que se embarcaron con un objetivo increíble para cumplir su sueño: llegar desde Lomas hasta Nueva York… en carreta. ¿Me acompañan a conocer su historia? Les aseguro que vale la pena.

Al empezar la odisea, el 12 de mayo de 1958, los amigos Juan Losardo y Horacio Lozano no tenían experiencia en viajes largos y mucho menos en el tipo de vehículo que eligieron. Lo que sí tenían eran dos fieles caballos llamados Bocha y Piba, y un objetivo en concreto: que la ruta Panamericana fuera renombrada como Nuestra Señora de La Paz.

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Los vecinos salieron desde la Plaza Grigera por la actual avenida Yrigoyen hasta el Congreso de la Nación, punto de partida oficial de la travesía por ser el kilómetro 0 de la Argentina. En Lomas los despidieron el recordado monseñor Alejandro Schell y el por entonces intendente Adrián Boffi.

Superados los primeros inconvenientes logísticos, los lomenses tomaron la avenida General Paz rumbo al Morte, con la brújula enfocando a la Gran Manzana.

Su hazaña fue contada por todos los diarios de la época. Y su difusión ayudó para que Losardo y Lozano recibieran el apoyo económico de las autoridades.

Sin embargo, al salir del país empezaron los problemas en serio: en Bolivia no les permitían cruzar con caballos, en Perú excedieron el plazo de estadía para extranjeros y en Colombia un grupo de ladrones intentó asaltarlos a punta de pistola. Siguieron adelante, pasaron Panamá, Honduras, Costa Rica y Nicaragua.

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Finalmente, en Guatemala, muy cerca de la frontera con México, el desgaste personal (Losardo se enfermó de fiebre tifoidea, tuvo que ser internado y luego traído de vuelta al país) y de los animales (llevaban dos años y medio en la ruta) los obligó a terminar la odisea. Lozano se quedó un tiempo más para ubicar la diligencia y los caballos, que encontraron un nuevo hogar. En fin, el sueño de los amigos no se logró por completo, pero sí vivieron una historia increíble para contarles a sus nietos. Claro que valió la pena.