¡Llega el Mundial, queridos amigos de La Unión! A cinco días del debut de la Selección en Rusia (ante Islandia) y del inicio de una nueva ilusión para todo el país, me gustaría contarles una historia futbolera, que como siempre toca a nuestra ciudad. En este caso está dedicada a uno de los personajes más importantes de la historia de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) que resultó, además, ser vecino de Lomas. Les hablo de Valentín Suárez, histórico dirigente del Club Banfield que dejó una huella imborrable en el ente del fútbol argentino.

Antes de desembarcar en el mundo del deporte, Don Valentín se inició en la administración pública como colaborador de Eva Perón en 1946. Pero su verdadera marca la iba a dejar en el fútbol: en 1949, Suárez fue designado por el gobierno peronista para manejar lo hilos de la AFA y resolver el conflicto que mantenían los jugadores y los dirigentes tras la huelga de futbolistas de 1948.

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Mantuvo ese cargo hasta 1953, aunque años más tarde volvió a ocupar el sillón en el que hoy se sienta Claudio Chiqui Tapia. Fue, más específicamente, en 1966, cuando el presidente de facto Juan Carlos Onganía lo convocó para encargarle la intervención de la AFA. Suárez, entonces, propuso desdoblar los campeonatos y darles más participación a los clubes del interior del país. A raíz de aquella decisión fue que se empezaron a jugar los torneos Metropolitano y Nacional en cada temporada, que se respetó desde 1967 hasta mediados de la década del 80.

Otro de los grandes proyectos de Valentín a la cabeza de la AFA fue el Nacional B. Sí: pese a que la creencia popular es que el torneo de ascenso con equipos de todo el país salió de la cabeza de Grondona, su mentor fue en realidad nuestro vecino.

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En su querido Taladro Suárez tuvo cinco períodos de conducción, todos exitosos: 1960-1962, 1966-1968, 1972-1974, 1984-1985 y 1991-1993. En su última gestión llevó al club a Primera División, tras ganar el torneo de ascenso en el ‘93.

Señal del destino, Don Valentín murió el 28 de octubre de ese mismo año, apenas unos meses después de haber completado su última y (para muchos) mejor obra.