Javier Urani es un gran admirador de su obra, sobre todo cuando lo veía desplegar su arte en el clásico Café París, de España y Gorriti. "Encontró en Lomas una gran semilla para provocar y crear”, dijo.
"Era muy introvertido, pero, a la vez, demostraba todo lo contrario.”
"Era muy introvertido, pero, a la vez, demostraba todo lo contrario.”

El lomense Javier Urani es arquitecto, artista plástico y actualmente trabaja en Casa
Rosada, donde se encarga del Patrimonio Cultural, pero se detuvo para mirar hacia el
pasado y recordar, a modo de homenaje, a su colega Carlos Regazzoni. Javier admira
desde hace muchos años a Carlos, cuando se pasaba tardes enteras pintando el clásico
Café París, ubicado en la esquina de España y Gorriti: “Lo miraba trabajar y ya me
llamaba la atención desde el arranque. Era muy introvertido, pero, a la vez, demostraba
todo lo contrario”.

Regazzoni era un artista muy popular en Lomas, pese que no vivía en la localidad, sino
en Longchamps. Por su amplitud y su versatilidad a la hora de hacer arte, pudo
desenvolverse en varias ramas, como la pintura o la arquitectura. “Se tomaba su tiempo
para charlar con los vecinos. Encontró en Lomas una gran semilla para provocar y
crear”,dijo Urani. Cabe destacar que, durante su paso en Lomas, la carrera de Regazzoni
no era de tanto renombre y magnitud a nivel nacional, lo que sí logró en los siguientes
años, rápidamente y a pasos agigantados.

“Él creía que a los artistas había que brindarle un lugar especial, con galerías acordes, y que el dinero no era lo más importante.”

Quien también se desempeña como curador dijo que Carlos tuvo períodos de diversidad
y que se pueden clasificar o encasillar perfectamente, pero lo que más lo identificaba
eran las grandes dimensiones, llevando a cabo malones gigantes, como lo hizo en
muchas provincias. La chatarra que existe en todo el ámbito ferroviario y en los talleres
cercanos alimentó la cabeza y los pensamientos de Regazzoni, quien casi siempre
creaba insectos o animales. “Fue un adelantado con utilizar material de descarte o
basura. En Argentina fue un pionero con esa idea y hoy en día esa técnica ya es más
conocida”, agregó Javier.

El lomense nunca le perdió el rastro a la carrera artística de Regazzoni, a tal punto que cerca del año 2000, Carlos lo invitó a su taller en Retiro para trabajar en conjunto con un proyecto llamado Artistas Emergentes. “Él creía que a los artistas había que brindarle un lugar especial, con galerías acordes, y que el dinero no era lo más importante”, contó Javier. El proyecto, de gran repercusión, contaba con un promedio de 10 a 15 artistas nacionales por mes, luego se sumaron desde Latinoamérica, para finalmente llegar a artistas europeos.

Para finalizar, Urani se lamentó que en zona Sur no haya obras públicas de gran magnitud, el fuerte de Carlos, aunque aclaró que sí existen algunos destellos de su arte en forma privada, como por ejemplo en algunos domicilios particulares. “Sería muy bueno que se llegue a conseguir, como homenaje y por lo icónico que fue su persona. Era un grande, un creativo que rompía moldes constantemente y eso es lo que necesita la humanidad”, concluyó.