Los docentes también son seres humanos y aprenden de sus propios errores, como el resto de los mortales que habitan el planeta Tierra.

El docente novato es que más errores puede llegar a cometer, propios de su inexperiencia, y algún colega de largo recorrido le puede dar algunos concejos para no meter la pata tan seguido.

Sin cada uno tiene que hacer su propia experiencia y darse sus propios tropiezos, pero no está nada mal saber escuchar, al menos de vez en cuando.

Alguno te puede sugerir que no es lo mejor gritar como un descosido y mucho menos a cada rato. Puede que los gritos pelados sean una señal de pérdida de autoridad, que los alumnos no tardan en descubrir y capitalizar, claro. En otras palabras, te sacan la ficha.

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Además, no es cosa de tantos alaridos cuando la serenata es tan larga y no es cuestión de arruinarse la gola en los primeros años del ejercicio de la docencia.

También alguno puede aportar que un curso súper numeroso no es motivo para andar apichonándose tan rápido y por el sólo hecho que haya tan alumnos.  Será cuestión de poner  valor y enfrentar con la frente alta a una verdadera multitud de estudiantes, entiendo que por el sólo hecho de que sean muchos más de 30 no es la muerte nadie, ¿nocierto?

Por puesto que alguien se soplará al oído que no es bueno ese ejercicio de andar prejuzgando a los integrantes de cada curso que te toque en suerte.

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Seguro habrá muchos que tienen mucho más para dar de lo demuestran y otros a los que hay que seguir más de cerca, a pesar de que son esos que creen que se las saben todas. Ah, tampoco es cuestión de condenar al grupo del fondo, sólo por el hecho de que haya elegido el fundo del aula para sentarse.

Además, no es cuestión de vender la piel antes de cazar el oso y andar creyéndosela que te metiste al grupo en el bolsillo, esto paso a paso, con idas y vueltas, y nunca todo está resuelto en la primera de cambio, menos con los cambios de humor de un grupo de adolescentes.

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Tampoco creérsela de movida por el sólo hecho de saber los contenidos de la materia al dedillo y además conocer de casi todo más de la cuenta. La humildad no es moco de pavo y con ser un sabelotodo no alcanza, hay que saber transmitir esos conocimientos para tus alumnos te entiendan y no haya sólo un orador que apretó play y que no sabe oprimir una pausa a tiempo.

Entre otras tantas cuestiones, están los benditos premios y castigos también aplicarlos con justicia. Aquí un novato se puede pasar de raya con castigo exagerado, que se pudo muñequear con estilo, o recompensar excesivamente por poco y nada.