¡Cómo pasa el tiempo! Parece mentira que Mica, mi hija mayor, ya no salga tanto a bailar como antes y prefiera quedarse un sábado a la noche en casa repasando guiones antes que irse al boliche. Lo mismo le pasa a Elvis, mi otro hijo. Es la vida: de a poco, las responsabilidades se ponen más serias, los intereses cambian y las prioridades pasan a ser otras. Nos pasó a todos, pienso mientras escribo. Y no puedo evitar recordar las épocas en las que todos los fines de semana, el que se bañaba en perfume para salir era yo. Así la conocí a Bochi, el amor de mi vida. ¿Qué les parece si hacemos un viaje en el tiempo y nos metemos en la historia de la noche en nuestra zona? Todos la hemos conocido…

Las primeras fiestas en Lomas de Zamora, al igual que en el resto de la Argentina, se hacían en clubes. Recién en 1950 las cosas se empezaron a poner un poco más profesionales. Fue en ese año que el empresario Carlos Martín comenzó a organizar bailes todos los domingos con un único requisito: la elegancia. Así fue como, entre trajes y corbatas, nació Mi Club de Banfield sobre la calle Chacabuco.

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Hasta 1958 funcionó solo los domingos de invierno. Recién un año más tarde abrió los sábados. Los requisitos eran que los hombres fueran “sin barba ni pelo largo y las chicas vestidas con decoro, sin jeans”. El control era tan estricto que un oportunista abrió una peluquería a metros del lugar para que los rechazados pudieran corregir su aspecto a último minuto y así lograr pasar. Un adelantado…

Durante un par de décadas, Mi Club fue “el” boliche de zona sur y también el lugar de encuentro para cientos de parejas. No por nada lo llamaban el “registro civil” de la noche. Pero en 1982, de la mano de la música disco, apareció en el centro de Temperley el mítico Le Paradis. Allí se innovó con la música, los equipos de sonido e iluminación. También comenzó a funcionar la matinée, marcando un antes y un después de la noche de Lomas. Y, por supuesto, en ese escenario se presentaron las mejores bandas del momento: Soda Stéreo, Virus y Los Abuelos de la Nada.

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En 1988, muy cerca de donde quedaba Le Paradis (cerró en el 86), su fundador inauguró La Fábrica. El nuevo boliche, más grande, fue pionero en incluir un espacio al aire libre. Otro local que marcó época en nuestro partido fue Peteco’s, que abrió en 1994 en la esquina de Meeks y Garibaldi como un bar de tercer tiempo para los clubes de rugby. Con el pasar de los años se fue reformulando el negocio y el baile y las bandas ganaron la escena. Hoy me cuentan mis hijos que Raven’s (Lomas) y Darren (Adrogué) son los más populares entre los más chicos y que Beliving, Había una vez y Rosko (Las Lomitas) se llenan de mayores de 25. ¿Qué tal?