Miles de personas vivieron en Lomas de Zamora desde su fundación. Millones, en realidad. Y si bien es claro que pioneros, fundadores, políticos, celebridades y otros hombres y mujeres que pusieron su vida al servicio de nuestro partido son los que más transcendieron al paso del tiempo, también hay personajes que no hicieron nada para quedar en los libros, pero que por una u otra razón se metieron en el corazón de los vecinos y cuyas historias aún siguen escuchándose en el barrio.

Este domingo, queridos amigos de La Unión, me gustaría homenajear a un loco lindo, un vecino pintoresco del que la mayoría hoy jamás escuchó hablar, pero cuya historia vale la pena conocer: el Loco Bragueti.

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Fridman (ese era su verdadero apellido) era un inmigrante ruso que llegó a nuestra zona en la década de los 40 y se instaló en la zona cerca a la plaza Grigera. Pintor de profesión, de buen beber, tenía problemas con el castellano, pero en los bares se hacía entender muy bien hablando el idioma universal de los borrachos. En los años 50 y los 60, al Loco Bragueti se lo reconocía fácilmente caminando por las calles Manuel Castro, Rivera, San Martín, Pereyra Lucena, Azara y Sáenz. Cuentan los abuelos que lo conocieron que siempre vestía de saco blanco, impecable.

Fue en uno de los tradicionales bares de la época donde Bragueti, entre copas, hizo una original apuesta, de esas que solamente aparecen cuando el alcohol le gana a la prudencia. ¿De qué se trataba el desafío? Fridman tenía que detener a un tren pescador que venía desde Mar del Plata a la altura de la estación de Temperley. El premio, si lo lograba, era una pizza grande de muzzarella y una botella de vino.

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El asunto es que nuestro amigo no tenía un plan sofisticado para lograr el objetivo, mucho menos ayuda: el pintor, entonces, se paró en medio de las vías con su saco blanco y levantó los brazos bajo la oscuridad de la noche. Vaya a saber si al salir de la estación de Temperley el tren tuvo algún inconveniente, pero lo cierto es que el maquinista alcanzó a frenarse unos metros antes, el Loco salvó su vida y, claro, ganó la apuesta.

Pero pasó un tiempo y, fiel a su personalidad, Fridman quiso repetir la experiencia subiendo la apuesta: tres pizzas y tres botellas de tinto. Esta vez, el lugar elegido fue la curva que existe antes de llegar a la estación de Lomas, a la altura de Loria. Bragueti se paró en las vías con el mismo ritual, pero esta vez la audacia se transformó en tragedia: el tren, embalado, no logró frenar a tiempo y lo arrolló. Sin palabras…