Hace unos días se cumplieron 84 años de uno de los episodios más tristes de la historia musical argentina. El 24 de junio de 1935 llegaban desde Medellín noticias que causarían estupor y un dolor colectivo muy profundo: Carlos Gardel, el gran embajador del tango, había perdido la vida al caerse el avión en el que viajaba junto a sus músicos durante una gira por Colombia. Su muerte se sintió en todos lados, porque era una estrella mundial. Pero mucho más en nuestro país, donde sus canciones eran himnos que sonaban en todas las esquinas.

En Lomas de Zamora también hubo dolor, claro. No solo por los miles de fanáticos que el zorzal criollo tenía en la zona, sino por el gran recuerdo que había dejado cuando nos visitó en persona.

En total fueron tres los recitales de Gardel en Lomas. Se presentó por primera en nuestra ciudad a mediados de 1914, cuando su carrera recién empezaba a tomar vuelo. Fue en el café de Marchetti, por entonces punto de reunión de payadores y cantores. El Morocho del Abasto llegó de sorpresa una noche antes del inicio de la Primera Guerra Mundial. Venía “al bardo”, como tantos otros tangueros: luego de cantar algunas canciones, uno de sus acompañantes pasaba el platito o se rifaba una botella de licor. A lo guapo.

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Su segunda y tercera presentación en nuestro partido fueron a mediados de 1923, cuando él ya era todo un consagrado de la música popular. Primero actuó en un festival que se hizo en el teatro Español y fue organizado por el Club Atlético Los Andes. Sin embargo, quien llevó adelante las gestiones para que Gardel llegara al sur del Gran Buenos Aires fue el doctor Roberto Baliña (sí, el de la calle), su amigo y compañero de truco. Según cuentan, aquella noche esperaron a Gardel a la salida del cine Empire de Corrientes y Maipú, en la Ciudad de Buenos Aires, y los trajeron a él y a sus guitarristas hasta el Teatro Español. No se crean que el zorzal pedía demasiado para venir a tocar a Lomas: apenas cobró 40 pesos por su presentación.

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Aquella noche, Gardel tuvo un gesto que todos recordaron por años: al ver a decenas de chicos que se quedaban sin poder entrar en el hall del teatro por falta de entradas o de dinero para pagarlas, el ídolo les pidió a las autoridades del lugar que los dejaran pasar gratis. Desde allí se fue directo al teatro Coliseo, donde también hubo un lleno total pese a ser una noche de tormenta. En aquella oportunidad lo acompañaron los músicos Riverol, Barbieri y Aguilar, este último el único sobreviviente de la tragedia aérea de Medellín.

En fin, queridos amigos de La Unión, mi pequeño homenaje a uno de los grandes ídolos de la música popular de nuestro país. ¿Qué era uruguayo? ¿Francés? Poco importa. Lo que crece es su leyenda. Es que cada día canta mejor.