Ustedes saben, amigos de La Unión, que soy vecino de Lomas de Zamora. En realidad, vivo en Banfield (como lo hice toda mi vida), pero suelo moverme por la ciudad, como cualquiera. Gracias a que mi profesión me permite llegar a todas las casas del país y ser “conocido”, la gente suele saludarme cuando me cruza.

Hace unos días, mientras cargaba combustible en la estación de servicio que está en el cruce de la avenida Hipólito Yrigoyen y Pereyra Lucena, me puse a hablar con un hombre grande que esperaba junto a su nieto que se liberara otro surtidor.

Arovechando el lugar donde nos habíamos encontrado, este hombre me mostró una placa de bronce y me contó -muy brevemente, claro- una historia para que investigara y pudiera relatar en mi columna de los domingos: en un momento, en ese mismo punto de Lomas, las esquinas no eran cuatro, sino tres.

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La historia dice que en 1852, mucho antes de que Lomas naciera como localidad, en el cruce del entonces llamado Camino Real y lo que hoy es Pereyra Lucena se levantó un almacén de ramos generales y despacho de bebidas. Se trataba de uno de los pocos parajes que había en la zona en aquella época. Los dueños del local, al que llamaron Las Tres Esquinas, eran Rafael Portela y Juan Amestoy.

Muy activos políticamente, prestaron su almacén para que los hombres más importantes de la provincia se reunieran a discutir el futuro de esos terrenos. Justamente, en Las Tres Esquinas se decidió la construcción del templo parroquial sobre Sáenz.

En Las Tres Esquinas se reunían siempre Francisco Portela, su primo Esteban Adrogué, Anarcasis Lanús y otros vecinos destacados que impulsaban el progreso de la zona basado en la idea de la autonomía municipal. Como sus apellidos lo sugieren, todos terminaron cumpliendo su sueño unos años más tarde. De hecho, la autonomía de Lomas se logró el 10 de septiembre de 1861.

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Pero el viejo almacén no era sólo el lugar de reunión de los vecinos más ilustres. Al no haber muchos otras pulperías, por allí también pasaban payadores, guitarristas, hombres a caballo y algún que otro bandido. Con el inevitable progreso, la construcción de casas y negocios sobre la avenida y la muerte de sus fundadores, Las Tres Esquinas fue perdiendo la vigencia que supo tener hasta ser demolida en 1961. Sí, los años mozos de mi abuelo amigo.