Aunque algunos tiran abajo impunemente la profesión que ejercen con enorme dignidad las preceptoras y preceptores hay que hacer justicia y decir de viva voz que son lo más de lo más.

Salvo algunas excepciones, contadas con los dedos de la mano, que sólo sirven para dar argumentos a los escasos detractores, los que ejercen este digno oficio son clave en el proceso educativo y en  la armonía dentro de la escuela, e incluso fuera de ella.

Los preceptores se encargan de garantizar el buen comportamiento de los alumnos dentro del horario escolar, y fuera de clases, cuando el profesor no está.

Los preceptores cuidan y controlan a los estudiantes antes del ingreso del profesor al salón, en los recreos o tiempos libres y en los actos. Es frecuente que cuenten con la potestad de imponer sanciones a los alumnos si se pasan de la raya.

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Ésta no es una tarea fácil y saben cómo tratar los cursos a cargo, negociando con buena muñeca algunos focos de conflicto para que no pase a mayores.

Son los que saben aplicar la mano dura (o la mano blanda) cuando las “blancas palomitas” hacen de las suyas y necesitan que alguien las ponga en vereda. Esto los convierte en buenos confidentes y también en habituales requeridores de consejos, aunque a veces en mensajeros de una grave sanción que viene en camino.

Un preceptor desarrolla diversas tareas administrativas que son imprescindibles en el funcionamiento de la escuela. Puede tomar asistencia, gestionar y autorizar ciertos permisos o canalizar reclamos de los estudiantes.

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Las preceptoras y preceptores se hacen cargo con hidalguía de cuestiones administrativas odiadas por cualquier docente, como pasar notas en los boletines, controlar las inasistencias de los alumnos y ser los comunicadores de las directivas.

El preceptor, o el celador para los que peinan canas, juega a varias puntas. Es él quien se queda custodiando a los alumnos cuando el docente tiene que dejar la clase, el que te trae unas tizas cuando hace falta y hasta el que se encarga de consolar a algún alumno tras un bochazo. Como los boys scouts, están siempre listos.

A pesar de que les pueda tocar tener que ser rígidos con los alumnos, los preceptores siempre quedarán en la memoria de los estudiantes, eso los pone muy arriba entre los actores del sistema educativo, hasta genera envidia en más de uno.

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