Diciembre… diciembre. Para muchos, el mes más tedioso e insoportable del año. Un tremendo calor en la calle, finales en la facultad para los estudiantes, miles de reuniones laborales pospuestas en el tintero, innumerables problemas en el transporte y el fantasma de los estallidos sociales hacen que el último mes del calendario sea un verdadero dolor de cabeza.

Afortunadamente ya estamos pasando la mitad y las Fiestas -junto al merecido descanso que tantos tienen en enero- están cada vez más cerca. Para muchos hay algo aún mejor en su horizonte: las vacaciones.

La mayoría, como siempre, se irá a la Costa Atlántica. Otros, más aventureros, se inclinarán por la Patagonia, el Norte o las Cataratas del Iguazú. Y, aunque el dólar esté alto, los que pasan por una situación económica más holgada, por supuesto, ya tendrán listos sus pasajes para irse al exterior. ¿Lomas de Zamora? “Estás loco, Lape”, pensarán ustedes. Pero, queridos amigos de La Unión, esto no siempre fue así: cien años atrás, nuestra ciudad era un lugar de descanso elegido por muchísimos argentinos.

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A comienzos del siglo XX, la precariedad de los caminos y la falta de medios de transporte eran más que palpables. Los porteños que pertenecían a la pudiente aristocracia podían darse el lujo de irse a la entonces pujante y distinguida  Mar del Plata, pero muchos de los otros ciudadanos que no contaban con esa suerte se tenían que conformar con destinos más accesibles. Y uno de los más populares era el sur del Gran Buenos Aires. Por entonces, claro, nuestro partido no era parte de la inmensa metrópoli a la que pertenece hoy en día y las quintas con enormes terrenos suponían una muy buena opción para escaparse.

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Aunque Lomas de Zamora no tenía mar, arena ni elegantes chalets, como La Feliz, sí contaba con amplias casonas y enormes parques llenos de árboles frutales. A la hora de la siesta, los hijos de los visitantes aprovechaban para buscar los frutos de los ciruelos y los duraznos y así disfrutar de una merienda riquísima sin tener que poner un peso. Y al atardecer, cuando el calor aflojaba, los pibes salían a correr por los interminables terrenos verdes, en busca de algún arroyo.

Con el correr de los años y el imparable crecimiento urbanístico que sufrió la Provincia producto de la inmigración, aquellos terrenos vírgenes se transformaron en los barrios que recorremos todos los días y, por supuesto, Lomas dejó de ser una opción para las vacaciones. Para algunos vecinos, igual, el patio de la casa supone la única alternativa de descanso en el verano 2019. Y bue…