La Justicia resolvió penar con reclusión perpetua al autor del disparo y con 25 años de prisión para su cómplice. La familia y su abogado celebraron el fallo.
Los jueces del Tribunal Oral en la Criminal 3 le dieron la pena máxima a los imputados por cada uno de los delitos que cometieron

Lorena González respira aliviada. Sabe que a su marido nadie se lo va a devolver, pero al menos pudo encontrar “un poco de paz”, un poco de “justicia”. Después de un largo recorrido, el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) Nº3 de Lomas de Zamora condenó a Juan Cruz Acosta a reclusión perpetua y a su cómplice Maximiliano Ruda a 25 años, por el crimen de Guillermo Simeonoff, el vecino de Temperley asesinado delante de su hijo en un robo mientras circulaba en moto el 11 de septiembre de 2016.

Los jueces del TOC 3 consideraron a Acosta penalmente responsable de los delitos de “homicidio criminis causa” y “robo agravado por el empleo de arma de fuego”, y a Ruda de “robo agravado por el empleo de arma de fuego con homicidio agravado resultante”. La sentencia fue celebrada por la familia y también por el abogado querellante, Sebastián Silvestre. Según evaluaron se trata de “un fallo ejemplificador”. “El Tribunal aplicó la máxima pena para cada uno de los delitos que le imputó a los acusados”, señaló el letrado.

“El caso de Simeonoff conmocionó por completo a los vecinos de Temperley. Ocurrió un domingo, a las 17, en pleno centro comercial de Temperley. Guillermo iba en moto con su hijo y le tiraron a quemarropa. Por eso, más allá de todas las sensaciones horrendas que seguramente tuvo que vivir la familia, el sentimiento es de justicia”, comentó Silvestre.

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Aquella tarde Guillermo estaba en su casa del barrio de San José. Era un domingo de sol, por eso decidió salir a dar una vuelta con la moto. “Ahora vengo, vuelvo para ver el partido de Boca”, le dijo a su mujer. Se fue con su hijo de 10 años a cargar nafta, y nunca imaginó lo que iba a suceder. En Almirante Brown y Cangallo, dos motochorros lo cruzaron para robarle. Con el semáforo en rojo, el vecino se bajó y la entregó. Cuando quiso darse vuelta para proteger a su hijo, uno de los asaltantes disparó. Uno de los tiros lo hirió de muerte.

La secuencia le quedó grabada a fuego a Bruno, su hijo. Por eso Lorena espera que a partir de ahora “él pueda sanar” y empezar a hacer el duelo que todavía no hizo. “Se están por cumplir tres años y todavía nos tiene mal todo esto. La idea ahora es poder salir adelante y cerrar este ciclo. Queremos recordar a mi esposo como lo que era”, remarcó la mujer, con voz pausada y serena.

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Silvestre repasa lo que dice Lorena, hace un balance del juicio y siente la sensación del “deber cumplido”: “El juicio fue muy largo, fueron jornadas tensas, extenuantes, pero sentimos que todo lo que hicimos a la larga dio resultado”, dice.

EL ACOMPAÑAMIENTO DEL ESTADO. El abogado se acercó a la familia en los primeros días. Cuando el barrio era un hervidero, en medio de marchas y reclamos, él se puso a disposición. “Como parte del Municipio -Silvestre se desempeña como subsecretario de Gobierno, por decisión de Martín (Insaurralde) asistimos a la familia. Fue ahí cuando nos pusimos a trabajar, establecimos contacto con el fiscal, aportamos imágenes de las cámaras de seguridad, pruebas y después, en base a la relación que desarrollamos, tomé la representación del caso”, contó.

“Esto demuestra dos cosas. Primero una cuestión: que las cosas no nos pueden pasar por el costado y que siempre tenemos que estar, y después que los problemas de la gente no son un expediente, como dice Martín, nosotros tenemos que cumplir una función y estar al lado de la gente”, agregó.

“Todo lo que hicimos termina con un resultado así, por lo menos, en el medio de todo esto ayudamos a darle un poco de paz a una familia que hace tres años implosionó”, cerró.