DG“Un chico en el club es un menos en la calle”, sostuvo el presidente de baby fútbol. Privilegian la enseñanza infantil ante la competitividad.
los chicos son acompañados por sus familias: un gran aliento.

El Club Juventud Obrera tiene 98 años de existencia y es parte fundamental en las funciones deportivas y sociales de Turdera. Con sus actividades, promueven a los chicos de las nuevas generaciones a contar con una mejor infancia y juventud, contenidos en un ámbito sano. “Un chico en el club es uno menos en la calle”, indicó Miguel Montefusco como filosofía de vida, quien actualmente preside la comisión de baby fútbol de la institución.

El hombre de 73 años se mudó a Temperley cuando se casó con su mujer y en 1982 se fue a vivir a Turdera. Allí conoció al club y ocho años más tarde llevó a su hijo, categoría ’84, para que juegue al fútbol, sin saber que iba a quedar ligado para siempre con el lugar.

“Me involucré y con varios padres nos introducimos en la comisión de baby fútbol. Además participo en la Asociación Deportiva Infantil de Almirante Brown (ADIAB), la liga donde competimos con muchos clubes de barrio de zona Sur”, explicó el nacido en La Boca.

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En lo que al fútbol se refiere, el club actualmente compite en la segunda categoría, de las cinco que existen. Junto a Alumni protagonizan el clásico del barrio, que involucra a la mayoría de los vecinos de Turdera. “Es increíble lo que se genera cuando se juega el partido entre ambos, la localidad es un remolino y ambas canchas siempre se llenan, nos conocemos todos y eso es muy lindo”, contó Miguel sobre el verdadero espíritu sano de competitividad. Paleta, bochas, gimnasio y arquería son otras de las actividades que se desarrollan en el lugar, ubicado en Santa Ana 335.

“El fútbol es pasional, pero en la parte infantil han cambiado los códigos y eso me preocupa. Muchos no se dan cuenta que es formativo, se vive con fervor y hay padres que no colaboran con esta idea de que ganar o perder es secundario”, señaló Montefusco sobre la ideología que prevalece entre los integrantes de la comisión. Entre el fútbol formativo y el competitivo, cuentan con aproximadamente con 150 niños del barrio.

Miguel Montefusco, de 73 años, es uno de los motores del club.

Cuando se le consultó acerca del objetivo de la institución, Miguel no dudó y respondió firmemente: “El club es social, ningún chico va a dejar de jugar por más de que no pueda abonar la cuota. Nos hemos hecho cargo de conseguir o comprar botines e incluso ha habido niños que almorzaban en el club. Chicos de unos treinta años, con familia y que han jugado acá, traen a sus hijos porque confían en nosotros”.

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“Haber recibido el premio al Orgullo de Ser de Lomas es una de las cosas que te marcan, uno no sabe lo que te conoce la gente del barrio, quienes fueron los que llevaron la inquietud al Municipio”, agradeció Miguel a todos los involucrados para que el reconocimiento se lleve a cabo.

DE CARA AL FUTURO. Pese a que el club se encuentra en buenas condiciones, piensan en remodelar el piso para mejorar su funcionalidad y  así incluir a más jóvenes en otros deportes, como patín. Por lo pronto, en febrero comenzará un nuevo campeonato de fútbol y la ilusión del club por ascender a la máxima categoría se renueva. De todas maneras, Juventud Obrera de Turdera ya salió campeón en la contención social.