Fue operador cinematográfico desde 1941 hasta 1991 y luego siguió en Capital hasta 2005. Recuerda las salas locales y la época dorada.
Carlos destaca que las películas de sandro “arrasaron con todo” y se proyectaban “a sala llena”.
Carlos destaca que las películas de sandro “arrasaron con todo” y se proyectaban “a sala llena”.

Al mejor estilo “Cinema Paradise”, Carlos Curbani se fue metiendo en el mundo del cine por curiosidad. Desde muy chico se escapaba y entraba a la cabina del operador, lo observaba y le cebaba mate. “Terminé el primario y empecé a trabajar en cine”, recuerda el vecino que trabajó como operador cinematográfico desde 1941 hasta 1991 en Lomas y luego se fue a Capital, donde estuvo hasta 2005, cuando se jubiló.

En Lomas, el cine estuvo marcado por tres grandes salas: el Gran Lomas (Meeks 148), el Avenida (Meeks 162) y el Gran Splendid ( Meeks 1056), todos sobre la misma avenida, lo que hacía que sea un verdadero punto de encuentro para las familias que llegaban ahí y decidían cuál entrar a ver.

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“A la salida del cine era tradicional ir a la pizzería, el matrimonio con los pibes. El cine era familia. Iba todo tipo de público y si no les gustaba nada de lo que estaba en cartelera, iban al Teatro Coliseo”, remarca. Y agrega: “En ese momento los cines trabajaban mucho, había movilidad de dinero”.

“Un acomodador del Cine Gran Lomas ganaba en el año 1950 unos $70 por día de propina. En esa época con $5 se almorzaba con vino y con fruta. También estaba el portero que cortaba las entradas en la puerta y el
caramelero.”

Carlos recuerda que se cuidaban mucho los detalles de la sala. El perfume y la buena presencia de los acomodadores era algo que no podía faltar. La atención al público era clave y se retribuía con buena propina. “Un acomodador del cine Gran Lomas ganaba en 1950 $70 por día de propina. Para entender, en esa época con $5 se almorzaba con vino y con fruta”, remarca. También estaba el portero que cortaba las entradas y el caramelero.

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Según cuenta Carlos, en el Gran Lomas, las películas que más trabajaron fueron dos: “Pan, amor y fantasía” y “Docksud”, la historia de cuando se cayó el tranvía al Riachuelo. “Había buenos guionistas y directores”, dice nostálgico.

Para él, el cine argentino tuvo su mejor momento entre el ´45 y el ´55 con “películas a rolete, las comedias eran extraordinarias”, con actores “de calidad” como Luis Sandrini o Pepe Arias. También destaca el éxito de Sandro, cuyas películas “arrasaron con todo”, como así también las de Olmedo y Porcel.

3 cines importantes había sobre Meeks: Gran Lomas, El Avenida y el GranD Splendid, un verdadero punto de encuentro.

La entrada de cine salía aproximadamente en aquel entonces unos $2,80 actuales y para Carlos la fila ideal para ver una película es la número 15.

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Su película favorita, ésa que más le gustó, fue “Lo que el viento se llevó” (1939): “Es una película que si se pone ahora con sonido digital sobrepasa los límites, tiene una escena que los protagonistas escapan en un carro y tienen que pasar por unos vagones de ferrocarril que explotan. Los caballos se asustan y además quieren robarles el carro. Es extraordinario”.

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