Sandra Agis, hija de la emblemática artista plástica por la que lleva el nombre el espacio y nieta de María Rosa Menéndez, contó la historia del lugar. Tres generaciones de mujeres empoderadas en diversas épocas del país.
el lugar posee entre sus paredes una historia de empoderamiento de la mujer.
el lugar posee entre sus paredes una historia de empoderamiento de la mujer.

Bijou, un prestigioso Centro Cultural ubicado en el epicentro de Adrogué y que lleva dicho nombre en honor a la reconocida artista plástica Cesárea Rosa de Cándida, posee entre sus paredes una historia de empoderamiento de la mujer: allí funcionó, por aproximadamente dos décadas, una pensión exclusiva para señoritas con innumerables sucesos, mientras transcurría una época delicada en el país.

Sandra Agis, hija de Bijou y nieta de María Rosa Menéndez, fue la encargada de contar la historia de la emblemática esquina, de la que posee recuerdos cuando apenas era una adolescente.

Lo cierto es que la Directora del Patrimonio Cultural de Adrogué se crió y compartió su infancia con nueve mujeres: “La mujer que llegaba a la pensión era muy raro que venga por estudio. A veces no iba al colegio y me quedaba escuchando sus historias, en ese momento bisagra para la historia argentina yo tenía 14 años”.

INICIOS. Debajo de lo que hoy es Tempo, plena estación de Adrogué (Mitre y Somellera), existía una pizzería típica llamada Pizzería Brown, propiedad de la hermana de su abuela y su respectivo hijo. En 1973, la hermana de María Rosa le propone alquilar dicha esquina para colocar una pensión de señoritas.

“Mi abuela, que nació en 1902 en Asturias y que en ese momento tenía 71 años, aceptó y empezó a comprar muebles rotos, encolaba las camas para que todas sean iguales, confeccionaba las sábanas, las colchas y los sillones. Tengo el recuerdo de ella como una mujer muy elegante y que armó dicho lugar con una gran logística. Mientras, mi mamá ayudaba a mi tío en la pizzería y colgaba sus cuadros para que los vecinos los disfruten”, explicó Sandra.

Con el tiempo y ya de grande, la hija de Bijou se dio cuenta de la importancia de la pensión y sintió el orgullo y la satisfacción de que tanto su abuela como su madre hayan podido albergar a mujeres que, quizás, estaban huyendo o refugiándose.

En todo el entorno de Agis, la ausencia del hombre era realmente notoria: tanto su abuela como su madre eran separadas, mientras que las pensionadas eran solo mujeres y, en su mayoría, poseían conflictos con la figura masculina.“Por eso digo que mi abuela es un ejemplo, ella tomó una decisión y la llevó adelante”, enfatizó la mujer, con tono seguro y preciso.

En 1991 y de la mano de Sandra, la pensión se transformó en un Centro Cultural, aunque ambas convivieron por un tiempo. “Una vez que sacamos los muebles, en septiembre de ese año hicimos en el comedor la primera muestra de artes plásticas. Con el tiempo, fuimos incorporando profesores. Hoy, Bijou está próxima a cumplir 30 años de vida.

“Pasé todas las etapas y hubo varias muy difíciles para la cultura, por eso debo agradecerles a los profesores por poner el hombro para que el lugar siga en pie. Y a los propietarios, que entendieron que mi apuesta y visión era transformadora”, dijo Agis, que rápidamente añadió: “La historia del lugar se las entrego a los alumnos, quienes ingresan a un espacio donde antes había mujeres llorando y hoy hay niños riendo. A mí no me interesa si el lugar da rédito, sino que transforme a los que suben las escaleras”.

Cesárea Rosa fue reconocida como artista plástica como Bijou, seudónimo que nació gracias a una vecina, que quedó deslumbrada con su belleza y la tildó como una joya. Centro Cultural Bijou, tanto en Instagram como en Facebook, es el medio de contacto para los vecinos interesados en conocer más acerca del espacio.