La vecina llegó a Lomas en 1970 de Villa Pardo, donde aprendió enfermería. Hoy convive con su sobrina y rodeada del amor de la gente del barrio, que el sábado armará una picada en su honor.
“ESTAR SIEMPRE EN MOVIMIENTO” ES EL SECRETO DE AMANDA.
“ESTAR SIEMPRE EN MOVIMIENTO” ES EL SECRETO DE AMANDA.

Los vecinos de Lomas que viven en la cercanía de Gorriti al 2300 hablan por lo bajo. Es que están preparando un festejo sorpresa para el sábado, a las 21: quieren agasajar a Amanda Epifania Sapssone, un querida señora del barrio, que hoy cumplió 104 años y es muy querida en la zona. “Vamos a cortar la calle para festejar”, revela con entusiasmo Miika Vera, que vive en la casa de enfrente.

Su sobrina, otra de las organizadoras de la celebración secreta e hija de un hermano menor de Amanda ya fallecido, es Sara Sapssone. Y cuenta que su tía tiene una vitalidad increíble. “Está perfecta, se baña solita, barre, lava los platos”, enumera y revela los tips que le permitieron a su tía llegar tan bien a esa edad.

En la lista figura comer abundante, descansar hasta tarde, almorzar y cenar con vino tinto, no tener marido ni hijos, pero sí sobrinos y sobrinos nietos cariñosos y atentos y “estar siempre en movimiento”, según palabras textuales de la propia Amanda, que no se pierde ni una salida en familia.

“Nosotros vivimos con ella desde hace 22 años en el mismo terreno, pero en distintas casas. Mi hija sí comparte techo con ella, pero yo soy la que más se ocupa”, dice Sara y tira un dato sorprendente: “Con sus 104 años, viene con nosotros a todos lados. Somos de viajar, de salir. Si nos vamos un día entero a pescar, ella nos sigue el ritmo. El otro día fuimos a un cumpleaños de 15 y Amanda estuvo activa toda la noche. Incluso, a las 5 de la mañana, cuando llegó el momento de la cerveza con al pizza, yo no podía comer más, y ella probó todo”.

Amanda nació en Villa Pardo, el pueblo elegido por los escritores en la poética localidad de Las Flores, y cuna de Adolfo Bioy Casares, donde las calles tienen nombres de frutales y la gente sonríe. De hecho, Amanda fue a la escuela del autor de “La invención de Morel” en ese pueblo de 200 habitantes de vida tranquila y unión familiar, la misma que hoy disfruta en Lomas, adonde llegó a fines de 1970 y nunca más se fue.

En Villa Pardo, la vecina aprendió de grande el arte de la enfermería. “Llegó un médico al pueblo y le enseñó. Fue una capacitación muy profesional. Luego, cuando vino a Lomas trabajó como enfermera domiciliaria, por eso mucho vecinos del barrio la conocen, aunque con el tiempo fueron quedando menos”, confía Sara. Esos vecinos, el sábado a las 21, quieren cortar la calle para el gran acontecimiento. Y cada uno llevará algo rico para picar y compartir con Amanda un centenario cumpleaños que -conociendo a la vecina- promete extenderse hasta tarde.