La iniciativa de la escuela de Lomas arrancó antes de la pandemia y siguió con entusiasmo como un proyecto educativo a través del mundo virtual. Soberanía y seguridad alimentaria, reciclado y cuidado del ambiente y de la salud, algunos de los conceptos que sostienen la actividad.
Los chicos usan elementos que tienen en casa para crear las macetas.

Algo tan simple como enseñar a germinar una semilla, regarla para que crezca y pasarla a un maceta entraña conceptos más profundos, como el de la soberanía y seguridad alimentaria, el cuidado del planeta y la preservación de la salud. Por lo menos así lo entendieron en la Secundaria N°10 de Lomas, donde llevan adelante un proyecto educativo sobre huertas, que logró sortear la pandemia, y que sigue a buen ritmo a través del mundo virtual.

“A través de la iniciativa, los alumnos aprenden a generar alimentos, a reciclar, a tomar conciencia de que hay alternativas frente al consumo de transgénicos. En Argentina, las semillas tienen alteraciones genéticas y abundan los agroquímicos. Incluso los cítricos tienen gran concentración en la cáscara y la pulpa. Mediante las actividades, les cuento que a la larga, ambos factores producen cáncer. Nuestro país tiene los índices de cáncer más altos del mundo, y en Italia nos llaman pueblo fumigado”, detalla Eliana Almaraz, la profe de Historia y Geografía de la Secundaria, que tiene una matrícula de 882 alumnos y cuya directora es Marta Oro.

Inicialmente el proyecto institucional iba a involucrar a todos los niveles educativos de la escuela, incluido el universitario. “Íbamos a articular con la Primaria N°26, que tiene un espacio de tierra. La idea era instalar ahí el compost que iban a generar los chicos con los residuos domiciliarios. También teníamos preparados los almácigos”, cuenta Eliana y amplía: “Luego, los más chiquitos se iban a ocupar del riego, que es un rol clave. Era un proyecto colaborativo”. Finalmente, los alumnos visitarían a los futuros ingenieros de la Universidad de Lomas para ver cómo se trabaja la huerta en la facultad.

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Pero con la llegada de la cuarentena, el proyecto sufrió un traspié, que logró sortear rápido. “La directora pidió que continuáramos con el proyecto. Pensé que no íbamos a tener grandes resultados con los chicos, pero me equivoqué: les pedí que prepararan, reciclando lo que tenían a la mano, tres macetas con semillas para sembrar. Enseguida se engancharon, buscaron material reciclado, diferentes tachos pintados, sembraron y hace poco tuvimos un Zoom y me mostraban cómo iban creciendo las semillitas”, detalla Almaraz.

El proyecto de la huerta entusiasmó a los alumnos y sus familias.
El proyecto de la huerta entusiasmó a los alumnos y sus familias.

Morrón, frutilla, zapallo, lentejas. A través de las pantallas, el proyecto fue germinando alimentado por el entusiasmo de los chicos, el apoyo de las familias y el impulso de la profe. “Les recomendé que usaran semillas de otoño e invierno, pero les prendió lo que tenían en casa. Muchos sacaron la semilla de las mismas hortalizas que ellos compraron e hicieron las macetas con botellas de plásticos, tuppers, cacharros o cajas de leche”, detalla Eliana, quien a través de la aplicación Classroom, les sube videos cortitos del INTA con tips.

Entre esos materiales, hay uno que también prendió en los papás: el que explicaba cómo preparar el compost. Les pareció interesante no tirar la basura y reciclar, y de paso ahorrarse $300, que es lo que sale la bolsa de abono.

La próxima meta, si la cuarentena se levanta, es hacer una muestra a fin de año en las instalaciones de la escuela. “Los chicos traerán las macetas y continuarán con los almácigos, prepararán los cajones y armaremos entre todos bolsitas de compost y plantines para regalar.

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Eliana cuenta sobre el proyecto con pasión, y retoma el objetivo que la mueve a entregarse de lleno a la tarea educativa: “La Argentina tendría que tener soberanía alimentaria, decidir qué comer y cómo comerlo, no abandonar los alimentos autóctonos, porque por producir soja, maíz o trigo, dejamos de producir batata, mandioca, poroto, quínoa”.

Concientizar sobre el reciclado es parte de la iniciativa.
Concientizar sobre el reciclado es parte de la iniciativa.

PROYECTOS. “El Municipio de Lomas tiene el proyecto de Pro Huerta y trabaja con el INTA. Usualmente nos mandan a los ingenieros agrónomos a dar charlas en la escuela. Queremos ver si podemos hacerlas virtuales”, detalla Almaraz, quien destaca también las actividades de Emajea, la Escuela de Municipal de Arboricultura, Jardinería y Ecología Aplicada, y ya piensa cómo “virtualizar” esa experiencia.

“Ellos van a la escuela a dar tres clases del tema que elijas. Y a los chicos les interesaba el de huerta orgánica. Muchos plantaron aromáticas en sus casas. El de hierbas medicinales es muy bueno también”, cuenta la profe que también le solicitó al Municipio la provisión de kits de semillas para el proyecto, porque con la cuarentena los viveros están cerrados y cuesta conseguir. “Me dijeron que nos van a mandar”, revela.

En la próxima entrega de alimentos que haga la escuela, ubicada en Los Palos Borrachos 185, van a preparar un stand para que las familias pasen y retiren también una maceta hecha con materiales reciclados y realicen la siembra ahí. “Si las familias quieren donar macetas, semillas o lo que sea para el proyecto, bienvenido”, dice Eliana, contenta con los resultados y con ganas de seguir avanzado.

También aprendieron a hacer compost con los residuos domiciliarios.
También aprendieron a hacer compost con los residuos domiciliarios.