“Hay otros cascos y más cosas para devolver que quedaron en Malvinas”

entrevista.

Beto Altieri recuperó su casco, ése que le salvó la vida cuando una esquirla fue directo a su cabeza durante la guerra. Su historia se hizo conocida en todo el país, da charlas y recibe homenajes.

Jorge Alberto “Beto” Altieri (57) se hizo conocido por recuperar el casco que usó durante la Guerra de Malvinas, que estaba hasta hace poco en manos de un coleccionista británico. El casco significa mucho para él: le salvó la vida al frenar una esquirla que finalmente lo dejó con parálisis del lado derecho y le hizo perder el ojo izquierdo. Ahora tiene el casco en sus manos, después de 37 años, y lo lleva a todos lados: a reportajes, charlas y homenajes. Pero sentencia: “Hay muchos otros cascos y más cosas para devolver que quedaron en Malvinas”.

EL CAMINO DEL REENCUENTRO. “Un día me llama por teléfono un compañero de Malvinas y me dice que un muchacho quería hablar conmigo, que mi casco estaba en un remate en Inglaterra. Yo le digo que no puede ser porque quedó tirado en Malvinas. Me dice que tenía un tajo cicatrizado en la frente y que me iba a mandar una foto”, recuerda. Y cuando vio la imagen y su nombre escrito en él no lo dudó, era suyo.

Una conocida suya ofertó 400 libras por él, pero en el último minuto, un coleccionista inglés ofreció 800 libras y ahí el sueño de volver a tener el casco entre sus manos se derrumbó. “Quedé muerto, no podía conseguirlo. De hecho mis amigos le ofrecieron 800 libras y un poco más y dijo que no, que el casco lo quería para él. Y así pasaron cinco años. Y decía que por más que vaya la Reina a pedírselo, no lo iba a entregar”, agrega.

su casco estaba hasta hace muy poco en manos de un coleccionista inglés y lo recuperó gracias a un empresario argentino.

La desilusión se apoderó de él y hasta pensó en viajar para poder, por lo menos, tocarlo. Pero un llamado desde Córdoba redobló la apuesta. Le ofrecieron recuperar su casco y hacer una nota. Ese mismo día, el coleccionista puso a vender el casco, pedía 10.500 libras, aproximadamente US$13 mil. “Finalmente me dijeron que mi casco ya estaba en manos de un empresario, que iba a ir a la Embajada argentina y que lo traían al país, pensé que por ahí era una joda de un anónimo”, cuenta.

Jorge tiene una estación de servicio en Banfield y vive en el límite con Lanús, en Roma y Linch. Cuando volvió al barrio con el casco, fue una revolución total: “Me empezaron a mandar mensajes, a llamarme de las provincias, porque cuando estaba el remate la gente quería donar plata para tener el casco Y al barrio llegaron los medios y la gente miraba del otro lado del vidrio mientras me hacían los reportajes. Fue una emoción muy grande”.

Su caso se conoció en todo el país y esto lo llevó a dar charlas y a recibir homenajes.

CHARLAS EN ESCUELAS. Jorge cuenta su historia y su experiencia una y otra vez frente a alumnos de distintas edades, pero también les deja enseñanzas que -ojalá- nunca olviden.

“Les digo que tienen que estudiar, respetar a los padres y a los maestros, que tienen que querer al Himno Nacional, a la bandera, al escudo, y que ellos son el futuro de nuestro país, tienen que buscar la forma de que nuestras islas Malvinas se recuperan de forma diplomática, no con una guerra. Los chicos se emocionan un montón, yo no tengo nietos, entonces es como si fuera que mis nietos me están abrazando”, destaca el excombatiente.

HOMENAJE EN SU CLUB. Jorge también fue homenajeado en el Club Banfield, donde practicaba judo y artes marciales hasta antes de irse a la guerra. En la previa del partido entre Banfield y Newell’s le entregaron una camiseta y un carnet de socio. “Fue muy emotivo porque me encontré con los papás de mi compañero Daniel Massad, que murió en Monte London. Cuando pisé el campo de fútbol la gente gritaba, algunos me conocen de la estación de servicio y otros por los medios”, comenta y agrega que dejará en el club una bandera que llevó a Malvinas en el viaje que hizo en 2

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