Buena suerte y hasta luego

Maestro ciruela  Un año que por suerte se va, que no va al volver y que dejó mucha tela para cortar. 

El 2020 está a nada de tomarse el olivo, de tomarse el palo, de rajar como laucha por tirante y simplemente de esfumarse definitivamente sin que nadie oponga resistencia. 

Quedará para la historia definitivamente y también en los anales del sistema educativo por es escaso o casi nulo paso por las aulas de docentes y alumnos. 

El recuerdo de este 2020 no será grato para casi nadie y nadie perderá la oportunidad de contar en el futuro lo que nos tocó pasar, sufrir o lo que sea. 

Quizás los de Nivel Inicial no recuerden tanto, pero el resto de las alumnas y alumnos le contarán a sus hijos y sus nietos que en este maldito 2020 no pisaron la Escuela y casi que no pudieron verse cara a cara con sus compañeros. 

Será el año del Zoom y de otras plataformas similares, de las consultas por medios electrónicos y por todo lo impersonal que uno se pueda imaginar. 

Las madres y los padres de los alumnos también tendrán marcado a fuego este 2020 que se va y su colaboración fue vital para sus propios hijos no pierdan el tren y sigan estudiando lo mejor posible a pesar de las adversidades de público conocimiento. 

Para los docentes, directivos, auxiliares y para todos los actores del sistema educativo el 2020 fue un hueso duro de roer. Fue un tiempo de adaptarse a la fuerza y de padecer los efectos del encierro, entre otras cuestiones. 

Lo que pasó este año en materia educativa no será en vano y en parte se coqueteó con una imaginaria educación de futuro, pero a la fuerza y como única chance de seguir adelante. 

Uno puede jugar a hacerse el Julio Verne por un rato e maginar cuestiones futuristas en una educación que a partir de ahora no perderá su cuota de virtualidad y de distancia entre docentes y alumnos. 

Un buena suerte y hasta luego al 2020 y a cruzar los dedos por un 2021 con alguna cuota de normalidad o de nueva normalidad para el pobre sistema educativo. 

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