Por Edgardo Solano

Con dramaturgia y dirección de Ignacio Gómez Bustamante, la obra cuenta con más de 20 artistas en escena y un coro fantasmagórico. Esta noche y el sábado próximo, en el Banfield Teatro Ensamble. 

personajes estereotipados, en escena.

La obra de teatro danza “Un silencio entre tus manos”, con dramaturgia, puesta en escena y dirección de Ignacio Gómez Bustamante, pisa las tablas del Banfield Teatro Ensamble esta noche y el próximo sábado.
Esta producción de la Compañía de Danza Teatro Banfield Teatro Ensamble, que se estrenó hace un lustro y que este año se repone con nuevo elenco, es un estudio sobre la identificación y el ego poético, una elegía del abandono y la quietud.
“Es una obra de teatro danza y tiene un código propio del género. No tiene una discursiva lineal, ni un argumento directo, y muestra algunos temas que nosotros consideramos importantes”, explica Ignacio Gómez Bustamante la propuesta estilística de la obra.
Esta puesta tiene dos tipos de personajes bien marcados, entre sus más de 20 artistas en escena, entre los que están “despersonificados” y aquellos que, en cambio, están bien identificados, siendo muy “delineados y grotescos”.
“Hay un coro de fantasmas, son personajes blancos, sin características. Están vestidos con unas túnicas medio destruidas y tienen una movilidad muy lenta, se mueven casi pidiendo permiso y sin hablar”, le comenta a La Unión el director las características de una parte del elenco.
Mientras que hay un sexteto de personajes más fuertes y con un estereotipo bien marcado. “En contraposición hay otros personajes que se vienen con todo y con una presencia bien marcada y con su vanidad. No son naturalistas o realistas, son más surrealistas y lo que dicen viene de la mano de lo poético”, acota.
Entre estos personajes hay una diva, que está “autoencantada” de su belleza, un militar dando la imagen de poder, una trans con una estética rockera y una secretaria obsecuente. También aparecen en escena una persona con deformidades y con un personalidad culposa y un maestro de escuela, que se caracteriza por ser muy organizado y evasivo de la realidad.
Estos personajes, muy distintos entre sí y muy “subrayados” en sus características, van llevando la dramaturgia de la obra a través de sus monólogos, en medio de ese coro de apariencia fantasmagórica.
Para Gómez Bustamante, este tipo de criaturas, casi caricaturescas, tienen su ascenso en la historia, hasta su posterior estrepitosa caída. “Son personajes que los sube, se los baja o vuelven a aparecer, mayormente de esto trata la obra, aunque no puesto en palabras, creando una sensación de poder y fragilidad. No miró televisión, pero veo que la realidad es más teatral y grotesca, está todo disfrazado de realidad”, cierra. ■