Después de cuatro años de espera, por fin empezó el evento más esperado por millones de fanáticos alrededor del globo: el Mundial de Rusia. Más allá de nuestras diferencias sociales o políticas y de nuestros gustos futboleros, lo que se empezó a poner en juego el jueves en Moscú es una causa nacional.

Todos pondremos los colores celeste y blanco en alto para lograr otra vez la coronación de la Copa del Mundo. Puede ser nuestra tercera estrella, tras las copas ganadas en Argentina 1978 y México 1986 y tras la decepción por las tres finales perdidas en los últimos cuatro años.

Me acuerdo bien de cómo vivimos el Mundial de Brasil. De menor a mayor, el equipo que conducía Alejandro Sabella fue creciendo en el torneo. Una clasificación sin sobresaltos, pero con un juego discreto ante rivales supuestamente inferiores, fue haciendo crecer la ilusión. Todo el país festejó con entusiasmo haber llegado a la final.

Y Lomas de Zamora no fue la excepción. Miles de vecinos salieron a la calle a celebrar con banderas, gorros, cornetas y todo el cotillón albiceleste. La semifinal contra Holanda convenció a hombres y mujeres, chicos y mayores, que la Selección podía levantar la copa más linda. El hit del momento, el himno que aglutinaba a las masas, sonó fuerte en nuestras calles del barrio: “Brasil decime qué se siente, tener en casa a tu papá…”.

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Cuando el enorme Chiquito Romero se convirtió en la estrella de la definición por penales ante Holanda, la gente salió a festejar. Eran casi las 20 cuando las calles de Lomas se llenaron de bocinazos, gritos de alegría y una marea color celeste y blanco. Como siempre ocurrió en los grandes festejos deportivos, especialmente en el Mundial de 1978 que jugamos de local y en la gesta heroica de México 86, la plaza Grigera fue el principal escenario de celebración. También ocurrió en 1990, cuando fuimos finalistas en Italia.

Otros vecinos optaron por festejar en la zona de Las Lomitas, en Colombres y España. También hubo mucha gente en Alsina y Maipú, corazón comercial de Banfield.

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El final lo conocemos todos: terminamos enfrentando en el Maracaná a la poderosa Alemania y, si bien estuvo muy cerca, el sueño no se pudo cumplir. Hoy, con una Selección que entró al Mundial por la ventana y que tiene muchas dudas en el juego, campeonar en Rusia parece ser una misión aún más complicada.

Son parte del plantel dos exvecinos de Lomas: Nicolás Tagliafico, que nació futbolísticamente en mi querido club Banfield, y Gabriel Mercado, que hasta no hace mucho, antes de irse a jugar a Europa, paseaba con su perro por Las Lomitas. Ojalá que en un mes nos encontremos a todos los argentinos y a nosotros los lomenses festejando el triunfo, con nuestra tercera estrella en el pecho de la máxima pasión popular: el fútbol. Al fin y al cabo, tenemos al mejor del mundo. ¡Vamos, Argentina!

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