Este notable cantante y actor, que admiraba a Carlos Gardel, fallecía hace 20 años a los 82 años, con un extensa trayectoria  y una vigencia que lo acompañó hasta sus últimos días.

El 14 de mayo de 1998, hace dos décadas, fallecía Frank Sinatra, conocido como “La Voz”, por su enorme capacidad interpretativa y además por ser uno de los primeros ídolos del siglo XX, antes de que aparezcan en escena James Dean, Marilyn Monroe y el mismísimo Elvis Presley.

Al joven Frank, nacido en el seno de una familia de inmigrantes italianos radicados en Estados Unidos, la vocación se le terminó de despertar en 1933, luego de asistir a un concierto de Bing Crosby, uno de los cantantes favoritos. También admiraba a Carlos Gardel y lo pudo conocer en Estados Unidos cuando la futura estrella era un joven desconocido.

Se casaba por primera vez con Nancy Barbato, a pesar de la férrea oposición de la familia de la joven, y en 1940 comenzó a jugar en las grandes ligas cuando ingresó en la orquesta de Tommy Dorsey, uno de las formaciones de swing más populares de Estados Unidos por aquel entonces, y además ese año nació Nancy, su primera hija.

Su personalidad jactanciosa le dio un ingrediente más a su talento artístico para que se convirtiera en un abrir y cerrar de ojos en un ídolo juvenil a principios de los ’40, mientras la Segunda Guerra Mundial no paraba de cobrarse vidas. Esta idolatría quedó rubricada con la publicación de “All or nothing at all”, su primer opus, que vendió más de un millón de ejemplares.

Con su popularidad a tope, en 1944, debutó en el cine con la película “Higher and higher”. Ese mismo año nació su hijo Francis Wayne, y cuatro años después, su segunda hija, Tina.

Su fina estampa italiana hizo que el público femenino no cesará de gritar furiosamente en sus shows, tal como pasaría años después con las apasionadas fans de Elvis y de Los Beatles.

Sin formación musical en su prontuario, brilló con su capacidad para transmitir sentimientos a través de su voz y por su fraseo. Además, pese a la ausencia de estudios académicos, fue exigente con los músicos que lo secundaban en las numerosas Big Band de jazz, que estaban en boga en esos años.

A pesar de su escandalosa vida sentimental, con varios divorcios en su haber, los rumores de sus vínculos con la mafia y la aparición de otros artistas de gran convocatoria, la estrella de Sinatra no se opacó en los ’50 y ’60 y continuó con éxitos en la música y en el cine.

Ya consolidado como un mito popular en todo el planeta, siguió presentado en vivo en las décadas siguientes y hasta bajo al cono Sur en 1981, con una visita a la Argentina incluida. Su última actuación en vivo fue en 1995, tres años antes de su muerte, que lo encontró a los 82 años.