Deep Purple en Tecnópolis: fieles postales de viejos tiempos de rock épico

La histórica banda británica Deep Purple resucitó anoche en Tecnópolis el sonido épico que dominó al rock a finales de los ’60 y principios de los ’70, en el show brindado en el marco del “Solid Rock Festival”, en donde primaron las virtuosas y enérgicas interpretaciones de grandilocuentes clásicos con memorables riffs y cambiantes estructuras.

Con un repertorio basado fundamentalmente en sus primeros discos, la banda encabezada por el cantante Ian Gillan, que lleva a cabo el “The Long Goodbye Tour” ofreció, en poco más de una hora y media, vértigo y volúmenes altos, sin resignar sutilezas.
Ocurre que más allá de los distintos climas manejados, en una presentación que no escatimó en luces y gráficas, el grupo se mostró como una poderosa formación capaz de sonar como un preciso bloque del que se desprenden admirables solos y fraseos.
En este sentido, los históricos Ian Paice y Roger Glover, en batería y bajo, respectivamente, construyen una sólida pared sonora sobre la que descansan los riffs y solos de Steve Morse, quien desde 1994 lleva adelante la difícil tarea de suplantar a Ritchie Blackmore; y la descomunal labor de Don Airey en los teclados, quien logra mantener vivo el espíritu del fallecido Jon Lord.
En este contexto desfilaron clásicos como “Smoke on the water”, “Highway star”, “Lazy”, “Black night” y “Strange kind of woman”, por citar algunos, aunque faltaron otros imprescindibles de la banda como “Burn” y “Woman from Tokyo”.
A las diez en punto, el grupo se hizo presente en el escenario en un adrenalítico comienzo sin respiro por el que pasaron “Highway star”, “Pictures of home”, “Bloodsucker” y “Strange kind of woman”, que sólo se vio levemente opacado por el bajo volumen dado a la voz, lo cual no permitió apreciar del todo la labor de Gillan.
Sin embargo, con el correr del show, el micrófono del vocalista se fue ensamblando mejor con el resto de la banda y permitió comprobar el buen estado que aún mantiene este destacado cantante.
“Estamos felices de estar otra vez acá”, saludó Gillan, además de esbozar un elogio al público local, para luego anunciar la emotiva “Uncommon man”, en homenaje a Lord, el tecladista original del grupo fallecido en 2012.
La interpretación del cambiante tema, que pasa de la melancolía a la grandilocuencia sonora en varios pasajes, fue sucedida por “Lazy”, en donde el grupo sonó como una versión pesada de los tempranos Rolling Stones, a partir de una estructura armónica cercana al blues, aunque con la dinámica rítmica que es marca registrada de la banda.
Aunque la novel “Bird of Prey” se constituyó como uno de los puntos más flojos de la noche, “Knocking at your back door” devolvió la fuerza, para que luego de un gran solo del tecladista con citas a “Adios Nonino”, se viviera uno de los mejores momentos del show con “Perfect strangers”, gracias a la soberbia performance de toda la banda.
El tramo final del concierto tomó forma con “Space truckin’” y la infaltable “Smoke on the water”, el riff más célebre de la historia del rock que introduce la famosa crónica de un show de Frank Zappa en un casino flotante de Montreux, que se vio interrumpido por “un estúpido con una bengala” que provocó un incendio.
“Son increíbles, muchas gracias, son fantásticos”, se despidió Gillan en medio de apoteóticos sonidos, para luego encarar los bises con “Hush”, el primer sencillo registrado por la banda, y la contundente “Black night”, tal vez la mejor despedida posible del público local.
Ocurre que probablemente se haya tratado de la última oportunidad para los argentinos de ver en vivo a esta legendaria banda, que ya anunció que está llevando a cabo su última gira.
Antes de la presentación de Deep Purple, por el escenario de Tecnópolis pasó la banda estadounidense Cheap Trick, que sorprendió con un potente concierto, más allá de las malas condiciones del sonido, que con sus elevados volúmenes convirtió en ruido inentendible por momentos a los filosos cruces de guitarras.
Sin embargo, el cuarteto de Illinois dio muestras de su buena combinación de rock garagero y hard rock, que derriba cualquier prejuicio posible de quienes sólo tenían en cuenta el estilo almibarado de sus mayores hits.
En este sentido, poderosas composiciones como “Clock strikes ten”, “Long time coming” y “Come on, come on”, o la descontrolada e irreconocible versión de “I’m waiting for the man”, de The Velvet Underground, contrastan con el “hair rock” de las radiales “The flame” o “I want you to want me”, como si The Cult y Bon Jovi fueran las dos caras de una misma banda.
La punkie “Dream police” o la frenética despedida con “Goodnight now” volvieron a poner las cosas en un tono más cercano al demostrado a lo largo del recital.
Poco antes, la banda de hard rock Tesla y el local Viticus completaron la grilla del “Solid Rock Festival”, que ofreció un total de 6 horas de buen rock.

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