Cuando Lomas se tiñó de blanco, por Sergio Lapegüe

¡Hola, queridos amigos de La Unión! Aunque ya hayan pasado algunos días, no quería dejar pasar la oportunidad para hablarles del 9 de Julio: hace poco más de 202 años, en la Casita de Tucumán ocurría tal vez el suceso más importante de la historia argentina: se declaraba nuestra Independencia.

Pero hoy no les vengo a contar sobre la historia política de la Argentina ni de sucesos tan lejanos en el tiempo, sino de un hecho que todos nosotros vivimos en carne propia y en el patio de nuestras casas otro 9 de Julio, pero de 2007. Se trató también de algo único, que incluso llegó a robarle un poco de protagonismo al festejo patrio, sobre todo en la Capital Federal y alrededores, incluido Lomas de Zamora: nevó por primera vez en mucho, pero mucho tiempo. ¡Inolvidable!

No hay que ser meteorólogo para entender que lo que sucedió en aquel helado feriado que cayó lunes fue algo fuera de lo común. De hecho, sólo había caído nieve dos veces en nuestra zona desde que Buenos Aires se constituyó como ciudad: la primera fue bastante leve, en 1912, y la siguiente, muy recordada, ocurrió el 22 de junio de 1918.

Hubo que esperar 89 años para ver a nuestras calles teñidas de blanco, como si estuviéramos en plena Patagonia. Para que nieve en nuestra zona, está claro, deben coincidir muchas condiciones meteorológicas y atmosféricas poco frecuentes para el clima de la región pampeana.

¿Qué ocurrió aquel 9 de Julio, entonces? El viernes 6 de 2007, tres días antes, se produjo la entrada de una masa de aire polar que afectó a casi todo el territorio nacional, a Uruguay, al Sur de Paraguay y al Sudoeste de Brasil. El frío avanzó entonces durante el fin de semana desde el Sur hacia la zona central de la Argentina.

Recuerdo todo como si fuera ayer. En el noticiero, nuestros compañeros meteorólogos nos sacaban las dudas y todos especulábamos con la posibilidad de que ocurriera lo inesperado aunque, en el fondo, no lo creíamos posible.

Al fin y al cabo, nunca lo habíamos visto. Pero lo increíble se volvió realidad: el lunes 9, cuando casi todos los argentinos disfrutaban del día libre, la presencia simultánea de aire muy frío en los niveles medios de la atmósfera y en la superficie dio lugar primero a una llovizna en forma de aguanieve y más tarde, con el correr del día, en nieve.

Las temperaturas fueron extremas y la sensación térmica llegó a marcar 1,4 grados bajo cero. Claro que, teniendo el patio pintado de blanco, a pocos les importó el frío. Las calles de Lomas fueron testigos a partir del mediodía, cuando comenzó a caer el aguanieve.

Con el correr de las horas fueron apareciendo los primeros copos blancos y todos empezaron a festejar: miles de vecinos salieron a celebrar en sus veredas y muchos hasta se juntaron a jugar y a sacar fotos en la Plaza Grigera.

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