Con los principios opuestos

POR Micaela Gómez

Inmersos en un mundo cruelmente capitalista, parecería que la vida de las personas vale menos que un negocio. Mientras cientos de argentinos son envenenados por la concentración de glifosato -el agrotóxico que se usa en la siembra de soja- los grandes productores siguen haciendo la vista a un lado. Hace poco, la indiferencia del Gobierno y de las empresas para dejar de utilizar este químico se cobró una nueva vida. Antonella González, con tan sólo 8 años, padecía leucemia causada por el glifosato que se encuentra presente en altas dosis en su provincia natal, Entre Ríos. A pesar de haber recibido el necesario trasplante de médula, la pequeña sufrió complicaciones en su intervención y falleció en el Hospital Garrahan. Si bien no hay cifras oficiales, se calcula que en Entre Ríos hay unos 4 mil casos de cáncer al año, lo que supera la media nacional. No es de extrañar la cifra si recordamos que hace tan sólo un par de meses los investigadores del Conicet publicaron un estudio centrado en la provincia de Entre Ríos, que está entre las regiones con acumulación de glifosato en el mundo. Según manifestaron los especialistas, los sistemas naturales de recuperación del suelo están saturados por la utilización de los agrotóxicos, por lo que no funcionan más en su absorción. El veneno, por lo tanto, va a parar al agua y afecta a los mismos microorganismos encargados de degradarlo. Los venenos que saturaron las tierras entrerrianas no sólo están presentes en las plantaciones, sino que también se utilizan en tareas sociales, siendo que el 80% de las escuelas rurales son fumigadas en exceso –de cuatro a ocho veces por año- con sustancias dañinas para la tierra, y consecuentemente, para sus habitantes. Basta con decir que Argentina aparece hoy como el país con mayor consumo de glifosato en el planeta en términos de cantidad de población. Mientras que en países como Estados Unidos -con un uso anual de 136 millones de litros- el consumo promedia 0,42 litros del herbicida por habitante, en nuestro país -con 187 millones- el índice llega a unos 4,3 litros por cada persona en términos anuales. Marchas y concientizaciones masivas se dieron en Gualeguaychú, una ciudad comprometida en la lucha contra la contaminación de las multinacionales. No obstante, la noticia no trascendió lo suficiente. Cientos de personas mueren por causas completamente evitables como ésta, por negocios que no valoran la vida ajena. Antonella no debía morir con sólo 8 años, ojalá su recuerdo y el legado de la lucha de su familia pueda movilizar a la sociedad y lograr cambiar los ejes de pensamiento del Estado y de la sociedad en general. ■

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