La ajedrecista de Burzaco se subió al escalón más alto del podio en Santiago de Chile, en la categoría Sub-18 femenino. Además, tiene tres Campeonatos Argentinos, y será distinguida como Maestra Internacional de Mujeres (WIM).
Guadalupe, en lo más alto del podio en Santiago de Chile.

Persevera y triunfarás. Guadalupe Encina atravesó todos los inconvenientes y se proclamó campeona Panamericana de Ajedrez en la categoría Sub-18 femenino en Chile.

El camino de esta joven de Burzaco, de 18 años, estuvo lleno de contratiempos, pero con empeño y dedicación, se sobrepuso y sin querer, logró más de lo que tenía pensado y está a punto de ser distinguida con el título de Maestra Internacional de Mujeres (WIM).

Juega desde los 7 años y a los 9 se federó para el primer Campeonato Argentino (que ganó en 2012, 2017 y 2018) y Panamericano. “Esos dos torneos me dieron experiencia y me abrieron un mundo nuevo. No es lo mismo jugar en clubes o colegios a esos niveles. Decidí estudiar y a partir de ese momento el ajedrez forma parte de mi vida”, le dijo Guadalupe a La Unión.

“Llegué el día de comienzo, algo no recomendable. Salí a las 6.30 a Chile y arribé a las 12 en las peores condiciones, con fiebre, vómitos. Cinco horas después, tuve la suerte de que mi rival no se presentó. Eso me ayudó a descansar y recobrar energías”.

Dos veces consecutivas subcampeona argentina (2010 y 2011), hasta lograr el oro al año siguiente. “Cuando lo conseguí, me di cuenta de que podía ir por algo más. Las categorías, además de ser por edades, se dividen en Femenina y Absoluta (hombres y mujeres). En un promedio de 50 varones, 20 juegan ajedrez y de esos, 15 juegan bien. El promedio de las chicas es de 10 y dos juegan bien. En Absoluta, los hombres en general tienen mayor nivel. Por eso me propuse algo más”.

La joven de Burzaco, sonriente frente al tablero.

Manteniendo su categoría, participó en torneos internacionales, pero ahí fue cuando comenzaron las dificultades. Guadalupe comenta: “No me iba nada bien, sacaba la mitad de los puntos en juego. Enfrentaba a rivales candidatas al título, jugaba bien hasta llegar a posiciones ventajosas y por errores o mala suerte no lograba superarlas. Dedicaba mucho tiempo al ajedrez y no podía lograr los objetivos. Lo mismo me pasaba en los Argentinos, de quedar entre las siete finalistas y después todo era frustración”.

Para tratar el tema, comenzó terapia. En 2017 fue al Panamericano de Costa Rica, al Mundial de Uruguay y Sudamericano de Paraguay. “En Uruguay sabía que iba a ser difícil, pero gané y empaté partidas. Pero en los otros dos torneos la pasé mal. Cambié de profesor, empecé la facultad este año (Ciencia y Tecnología de los Alimentos, en Lanús) y se venía el Panamericano”, explicó.

Para Chile, Guadalupe decidió no ponerse un objetivo alto, no quería más frustraciones. Allí se iba a enfrentar a rivales que estudiaban ocho horas por día. Pero no todo fue color de rosas. “Llegué el día de comienzo, algo no recomendable. Salí a las 6.30 a Chile y arribé a las 12 en las peores condiciones, con fiebre, vómitos. Cinco horas después, tuve la suerte de que mi rival no se presentó. Eso me ayudó a descansar y recobrar energías”.

El momento esperado, con el trofeo en brazos.

Luego de superar a la primera preclasificada, en una partida que se transmitió en vivo, apenas tuvo una derrota (con Venezuela). Junto a dos peruanas llegó a la final con 6.5 puntos, pero su sistema de desempate la favoreció y logró el oro.

No irá al Mundial de Grecia, en octubre, pero por haber ganado el oro, le asignarán el título de Maestra Internacional de Mujeres (WIM). Le faltan 100 puntos para los 2000 de ELO. “En los próximos torneos espero sumarlos”, se esperanzó Guadalupe.