Colegio tomado

POR Edgardo Solano

Para esta altura del calendario escolar, los alumnos del último año de la Secundaria son como los amos y señores de la institución. A sabiendas de su pronta partida y del egreso inminente, con la carga de impunidad que esto puede otorgar, estas chicas y estos muchachos ya pierden todo decoro y hacen de las suyas como nadie. Entre nos: ya no les importa nada. Por lo tanto, algunos improvisarán ruidosas batucadas, como si estuvieran en Río de Janeiro en pleno Carnaval, por los pasillos de la escuela, incluso con algunas rimas picarescas. Otros, armarán algunas coreos en el patio durante los recreos al ritmo de temas de moda, aunque con una desafinación constante, que nadie notará. También se animarán a un trato confianzudo con los profes y hasta con las autoridades, incluso hasta llegar al tuteo con un directora férrea en su contacto con los alumnos. Además, pedirán una y otra vez un rato de la clase para terminar de ultimar detalles de la fiesta de fin de año y de las múltiples despedidas que habrá en cuanto boliche les ofrezca estos servicios para seguir de parranda. Por supuesto, estarán retratándose todo el tiempo con sus celus para que les queden esas instantáneas como recuerdo junto a sus compañeros y también les pedirán a los profes y demás posar con ellos para seguir acumulando imágenes y videos en sus álbumes virtuales. Incluso, estarán todo el tiempo con banderas gigantes, de escasa higiene, con los nombres de todos los integrantes de la clases y con algunos dibujos de sus personajes y grupos preferidos. La verdad es que son un verdadero plomo y este bullicio se hace contagioso a los alumnos de los demás cursos que se prenden sin dudar a la algarabía desatada por los del último año. De todos modos, ya se van de una buena vez para no volver, pero seguro un poco se los va a extrañar el año próximo, ¿o no?

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