A partir de Joseph Conrad, “La sombría línea” es una obra desopilante

En “La sombría línea”, el adaptador y director Alejandro Genes Radawski se apodera de la novela de escenarios marinos “La línea de sombra”, de Joseph Conrad, y la transforma en un espectáculo inefable que cuenta con cuatro actores que por momentos parecen títeres de cachiporra, en un universo propio e iconoclasta, en la sala Corrientes Azul, Corrientes 5965, los viernes a las 22.30.

Lo que en principio era una narración épica sobre el crecimiento de un individuo que pasa de la inexperiencia a la madurez, para Genes es una oportunidad para apostar al “cómic” repleto de guiños sexuales y de otras variantes, haciendo que la toma de poder en un velero por parte de un marino desocupado lo haga permanecer en la arcadia de la adolescencia.

La puesta tiene algunos contactos con “Ferdydurke”, la adaptación del texto de Witold Gombrowicz del mismo director, con elenco femenino -actualmente en su segunda temporada en la sala Tadron-, aunque aquí la apuesta parece ser más extrema: con un cuarteto de actores formidable (Juan de Dios Ascaño como el protagonista y Marcos Díaz, Mariano Falcón y Marcelo Smolivich, los tres a cargo de distintos personajes), ubica la acción sobre una suerte de mostrador hueco con tres “trampas” rebatibles, que tanto puede ser la nave en cuestión como un retablillo de títeres donde los personajes hacen sus abruptas entradas y salidas.

El asunto incluye diálogos en aquel español neutro que asolaba los primeros tiempos de la televisión y que repercuten en la memoria del público -además de que los intérpretes son muy graciosos-, un vestuario muy efectivo de Antonela Marcello y proyecciones animadas -de Mariano Falcón- que ayudan a la ubicación en el ámbito marino.

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