Desde hace 38 años, espera y atiende a los vecinos que llegan al café de Carlos Pellegrini, “su casa”. Aseguran que es el Messi del salón.

Se destaca por su calidez en la atención a los vecinos.

En 1978, en plena dictadura militar y Mundial, René Almaraz llegó de Santiago del Estero a Lomas de la mano de su hermana y nunca más se fue. Hoy es el mozo más antiguo del café más antiguo de la ciudad: Café Dalí. Quienes lo conocen aseguran que se destaca por su calidez humana, lo que le permitió aportarle una impronta especial al café. “Es el Messi del salón”, resumen.
Recién llegado, René consiguió trabajo en El Altillo, donde debutó como mozo. Su primer pedido no se lo olvida más: fueron dos cafés a la turca. “Empecé en la cocina, como lavacopa, después cafetero y cuando estuve preparado salí al salón”, recuerda, y agrega que el oficio se aprende “rápido”.
El 11 de diciembre de 1980 no iba a ser un día más en la vida de René. Empezó a trabajar en Café Dalí, donde estaría sus próximos 38 años “al servicio de la gastronomía y siempre rodeado de buena gente”, como él mismo describe.
En Café Dalí (que primero estuvo ubicado en Sáenz y Alem, y luego se mudó a Sáenz y Carlos Pellegrini) atendió entre cinco y seis generaciones de vecinos. Es por eso que en el Día del Amigo, el último 20 de julio, le hicieron un reconocimiento porque durante todo este tiempo “se convirtió en el amigo de todos”.

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POR LOS DEMÁS. Como muchas veces cuesta hablar de uno mismo, Antonio Novielli, el dueño de Café Dalí, describe a René y no tiene para él más que halagos y admiración. “Él tiene una memoria privilegiada que le permite asimilar y recordar cosas que el mismo responsable se las olvidó. Eso le da un plus adicional. Cuando la gente llega a Café Dalí, llega a la casa de René: de hecho, si le tuviera que poner otro nombre sería ése”, cuenta Novielli y hace referencia a la calidez del mozo.
“René siempre te espera con un abrazo, un beso, un ‘cómo te va’ y eso la gente lo valora en tiempo en los que los afectos pasaron a segundo plano. Eso es lo que le ha permitido a Dalí prevalecer con su identidad durante tantos años. René le dio esa identidad”, cierra. Y aclara: “René está en su casa, René no trabaja. Es el Messi del salón y eso se nota”.
José Sandy Sandoval, artista lomense que se sienta a crear en las mesas de Dalí, le preparó un dibujo a René, como una especie de homenaje a la amistad: “René es la cara visible de la casa. Espero ese abrazo hermanal cuando llego. Ver el trato con los clientes te hace pensar en aquellos mozos de los viejos bares de Corrientes”.
Desde una de las mesas, Martín Chena, un cliente, destaca: “A René lo conozco hace 12 años, excelente persona, un gran mozo es un placer venir a tomar un café, almorzar o cenar y que te atienda una persona con esa calidez y respeto. Es un lujo”.

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